29 sept. 2011

11 semanas, 4 días

Me viene a la memoria un breve diálogo cinematográfico en el que el samurai Katsumoto le dice al capitán Nathan Algren, ante lo efimero de un sakura florecido, "escribo un poema y me resulta muy dificil terminarlo”; luego de esperar por una sugerencia, concluye: "perfectas... son todas perfectas" y de este modo Katsumoto acepta su vida y su muerte en el mismo gesto poético.

Me viene al cuerpo una necesidad de sostenerme en la imposibilidad de balbucear ese poema perfecto, mi intento por mi mejor haiku. Y como mi cuerpo no lo puede contener, dice: pasa! a otro que sí, que todo lo puede: ella está, siempre estuvo ahí para contener, para cuidar, para curar. Y así se deja habitar por este doble poema, un perfecto haiku: ella y las dos estrofas que lo completan todo; un haiku apenas garabateado de manchones de tinta aguada y temblores de pincel, de kanjis y hiragana mal trazados por la pobreza del poeta y la torpeza del calígrafo.

No quedará una gota de tinta en mi suzuri para malgastar, para desperdiciar en lo que no tiene valor, en aquello que no accede a mi makoto (sinceridad de corazón), o que se encuentre lejos del vientre dilatado de mi mujer-poeta. No habrá una mancha ni del escurrido del pincel al lavarse, ni roce de esa tinta gris que desaparece en una rejilla, o algún viejo y reseco papel manchado, ajado y sin vida, que pueda competir con este haiku: el perfecto.

Ella y un haiku doble, albergar dos estrofas dentro de sí, parir esas dobles cinco sílabas y dejarlas retozar sobre el pecho de la estrofa de siete, donde habita el kireji (palabra-corte).

Si hubiera buscado afanosamente escribir mi haiku perfecto nunca hubiera llegado a superar este:

mi triple amor:

ella madre de los tres,

yo padre de dos

Ella, de luna llena, iluminando hasta mis más ínfimos deseos, no dejaba de contar calendarios ni de curarme; toda su fragilidad aumentada, como su vientre y una doble necesidad que la hace escucharse hacia adentro en un repliegue amoroso sobre sus dos ella.

El momento de la mujer-poeta le ha llegado, y su solipsismo la obliga a crear; y creó doble, nada más importa (¡y está bien así!).

Ahora toda ella es caricia y escucha hacia sí, toda ella es ahora ella, y los movimientos en su interior son sus movimientos exteriores, porque no existe nada fuera de ella.

Hoy presencia, en su vida, que está dando vida, que la espera es por tener esas vidas en la presencia de la caricia, entre las manos, sobre su pecho.

La espera viene desde dentro y empuja por salir(se) de lo abierto que ella es hacia la vida que será. ¿Cómo será ese abismo desde el cual laten estas dos viditas y desde el cual ella fue tranformando dos latidos, dos pulsos en dos pequeños bebés, dos poemas a punto de decirse?

Somos padres desde esta primavera de dos criaturas y mi triple amor deberá multiplicarse y luego dividirse; y después, después ya no importa.

En esta primavera perfecta todo se cierra y todo se abre: “ "perfectas... son todas perfectas", como mi haiku.

mi triple amor:

ella madre de los tres,

yo padre de dos

3 comentarios:

Crespi dijo...

Rara vez se puede decir de un texto que está a la altura de su llamado. En este caso, milagrosamente, lo está.
Abrazo

adela dijo...

maravilloso lo escrito, cariñosamente te abrazo muy fuerte.Adela

Hugo dijo...

Muy buen texto, que la primavera haga florecer todo.
Abrazo de gol.