24 nov. 2008

hablar-vaciar

“El ritmo del vacío
es la fragancia perdida
donde se ampara nuestra última confianza.”
11 poesía vertical, R. Juarroz.

¿Quién tiene el derecho de juntar las palabras que se caen de los poemas?
Esas palabras son las adecuadas para escribir.
Las otras se van amontonando, almacenando, acopiando y arrinconando a medida que se juntan, unas a otras, sin precisión, sin elección, sin detalle, sin espacio, sin palabra.
Las que se quedan por-salir después que se ha puesto el punto final, esas también son adecuadas.
Las que no terminan de aparecer: esas sanan.
Pero la más importante, la que nunca debe faltar, para que exista algo así como poesía: la que falta.
La palabra que falta es la más importante de todas, porque en ella se balancea y hace vaivén todo poema. Si “falta” (está) no podrá faltar, y se malogrará todo intento de poesía.
Es la que sale de lo urgente. Sale al poema. Sale a hacerse silencio. Busca quien la diga. Elige-ser-dicha-por.
No se trata de una mera ausencia (y su dialéctica con la presencia), más bien, se trata del vacío que abre esa palabra que falta para que se pueda dar el poema.
Sin vacío no hay poesía. Sin palabras que falten no habrá poemas.
Si la palabra no está preñada de silencio, no vale la pena enunciarla.
Si la palabra está plena en sí misma, a lo largo de ella, toda completa, tampoco.
El silencio, en este caso, es más honesto que la palabra.
Hay silencio porque hay vacío, hay vacío porque algo falta.
Porque algo falta hay posibilidad, de que falte y que, una vez aparecido, falte de nuevo.
El vacío es tal porque existe esa palabra que falta.

Y lo dice.
¿Porqué no tendré palabras que sean como ventanas al vacío?

1 comentario:

Crespi dijo...

Está la nada, neantizándolo todo.